Cuando piensas en mi...  

__Climax__ 47H
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16/9/2017 2:55 pm
Cuando piensas en mi...




Hoy estás especialmente mimosa...

Tus manos desabrochan tímidamente el nudo del albornoz cayendo éste lentamente al suelo, quedándote completamente desnuda frente al espejo. El baño rebosante de espuma te espera. Ya está todo preparado.

Miras tu cuerpo de arriba a abajo mientras, sin poder evitarlo, de tus labios surge una tímida y picarona sonrisa...

Te has tomado tiempo en prepararlo todo, no has olvidado nada, hasta el más mínimo detalle: este es tu pequeño momento de paz, de serenidad y de amor hacia ti misma.

Has utilizado sales de baño con esencia de rosas que compraste la última vez que visitaste la tienda the body shop, ese especial que te gusta tanto por su particular aroma, y porque te deja la piel suave y tersa, que además consigue excitarte tanto. Eres de las mujeres que se cuidan, al igual que les gusta que las cuiden. Y hoy te vas a sentir la mujer más querida del mundo...

Levantas ligeramente un pie y lo introduces lentamente en el agua, hasta el fondo... de la bañera. Luego le sigue el otro y comienzas a inclinar tus rodillas apoyando tus manos sobre la bañera. De cuclillas te sientas despacio sintiendo el calor apoderarse de ti y de tus piernas, estirándolas y echando la espalda hacia atrás. Has recogido tu pelo enrollándolo en una toalla así que tranquilamente apoyas la cabeza sobre las baldosas, reposando la cabeza en el borde de la bañera. Entonces cierras los ojos y comienzas a relajarte sumergida parcialmente en el agua.

El vapor comienza a condensarse resbalando por la mampara del baño, precipitándose al vacío por las paredes... Algunas gotas, morbosas, comienzan a resbalar por tu cuerpo sintiéndolas recorrerte, en aquellas partes de tu cuerpo que permanecen sobre la superficie. Has puesto música, música relajante, digamos que muy espiritual. Enigma o bien algún que otro CD bajado del emule etiquetado como chillout (que a mi me encanta escuchar para follar).

Entonces agudizas los sentidos...

El calor comienza a apoderarse de tu cuerpo. Estás relajada. No piensas en nada, tan sólo en mis manos acariciándote como lo hicieron antaño. Comienzas a lavar tu rostro echándote agua por encima. Sientes alguna gota, muy viciosa, como se ha condensado estratégicamente sobre uno de tus pezones y no puedes evitar estirar un poco tu mano derecha para tratar de sorprenderla y recogerla con la yema de tus dedos. Pero se diluye y se desvanece junto a las demás flotando en armonía en el agua que te envuelve. Comienzas entonces a pensar en lo estupendo que sería sentir esas caricias, como esa gota de agua, recorrer tus pechos, y todo tu cuerpo.

Tus manos se mueven solas, aunque en el fondo estás deseándolo, estás deseando sentir todo el placer del mundo justo en ese momento de paz. Tus manos comienzan a enjabonar lentamente tus pechos recorriéndolos en círculos, como si trataras de dibujarlos sobre un papel, perfilando su contorno con una línea invisible sobre tu piel. Estás excitada. Y tus piernas, cubiertas completamente por el agua, comienzan a moverse ligeramente, como si necesitaran parte de tu atención.

Sigues recorriendo tus pechos, con ambas manos ahora, hasta que decides llegar a la cumbre, coronados por esos pezones tan dulces y apetitosos. Los rozas ligeramente, a propósito, como si trataras de despertarlos de su letargo y moviendo los dedos en círculos sobre ellos éstos no pueden hacer otra cosa que crecer y ponerse cada vez más duros...

Una de tus manos se dirige a tus labios y comienzas a pasar el dedo por la comisura, mojándolos, jugando con ellos, sientiendo su textura, como si te rozaran otros labios, deseándolo en ese preciso instante, mientras tu otra mano acaricia tu vientre y pasando cerca de tu ombligo llegando hasta tu monte de venus.

Te sientes caliente. Deseas masturbarte. Deseas introducir lentamente tu dedo en tu boca e imaginar que es mi polla la que roza tus labios. Dura, caliente. Que sólo de pensarlo tu otra mano ya ha comenzado a frotar ligeramente tus labios vaginales y se posa sobre tu clítoris.

Mueves un dedo hacia arriba buscando tu clítoris, lo mueves frenéticamente allí, castigándolo con esos movimientos y retorciéndote de placer al mismo tiempo. Al poco rato mueves el dedo hacia abajo con tal destreza que terminas penetrándote con él, moviéndolo en círculos para sentirlo mejor. Exactamente lo mismo que me gusta hacer cuando empiezo a penetrarte suáve y lento sin dejar de mirarte a los ojos.

De nuevo tus dedos vuelven a frotar tu clítoris y al poco se introducen de nuevo en tu vagina... Alternando y cada vez más rapido sigues chupando tus dedos, sigues frotándote, sigues gimiendo. Y cuando ya no puedes más arqueas la espalda convulsionándote, como si miles de voltios recorrieran tu cuerpo, electrocutándote de placer, en una descarga que provoca ese orgasmo tan deseado y que, sin embargo, no ha podido ser compartido...



En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante...



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