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Vista con Título | Refiere un Amigo |
- Tierra prometida -
Publicado en:9 Noviembre 2019 2:54 am
Última actualización en:12 Noviembre 2019 9:51 am
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Tierra prohibida para algunos, para muchos en realidad. Tierra prometida, deseada incluso soñada, para otros a la que nunca arribarán. Y este pequeño naufrago ve sacudida su existencia con el, a la vez, pequeño e inmenso privilegio de haber sido invitado a arribar a tu puerto, a tu puerta.
De pronto mi mente racional se siente forzada, casí violentada, a creer en las casualidades, el destino o la divina providencia, pues yo que no viajaba por trabajo y me limitaba a mi repetitiva ruta en metro entre hogar y trabajo, de pronto me encontraba en tu patria en una asignación especial que me obligaba a recorrer las ciudades y puertos más importantes del país. En una de nuestras charlas te había comentado mi destino y ruta, por la coincidencia por ser tu patria, y cuando leiste el nombre de tu ciudad me interrumpiste súbitamente con un: "Ya que vas a parar por mi tierra, espero que tengas un hueco en tu agenda para tener la oportunidad de conocernos". Siempre un paso por delante, adivinadora o lectora de mentes, una vez más me dejabas sorprendido por adelantarte a mis anhelos. No te lo había dicho pero había forzado mi programa de viaje para disponer del mayor número de días posibles en tu ciudad, y así tener más opciones para cuadrar un posible encuentro y conocernos. No volvimos a hablar de ello hasta el día anterior a mi llegada a tu ciudad, cuando me escribiste para preguntarme si la tarde/noche siguiente me venía bien para encontrarnos y conocernos en persona. Una vez más por delante. Propuesta que me lleno tanto de sorpresa como de alegría y mi inmediata respuesta fue que una vez terminada mi jornada laboral estaba a tu entera disposición durante la semana que seguía, pero que tendría que ser a partir del día siguiente, pues nos habían convidado a una cena de cortesía que no podía rehusar.

Acordamos vernos al día siguente y que me enviarías un mensaje con la dirección en la que nos encontraríamos. Pensé que probablemente sería un buen restaurante de especialidades locales que tu te ibas a encargar de buscar. Terminada mi jornada, pasé por mi hotel para darme una refrescante ducha y cambiarme de ropa, y después tomé un taxi a la dirección que me habías enviado.
Al llegar me quedé extrañado porque era una zona residencial y no había rastro de ningún restaurante ni local público, y le pedí al conductor que confirmará que no había duda con la dirección. Al bajar del taxi recibí un mensaje, escueto pero claro: "La puerta azul. Está abierta. Pasa y siéntete en tu casa". Entré, cerré la puerta y avancé hasta lo que parecía ser la sala principal. Sobre una mesa encontré dos caballitos junto a una botella, dado que parecía una invitación me tomé la libertad de servir ambos para brindar cuando aparecieras, limitándome a descubrir los aromas tan variados y sutiles que desprendía el añejo recién servido, y que parecía ser un todo indicio de que aquella iba a ser una velada muy especial. Algo nervioso, esperé levantado y procuré apaciaguar mis nervios curioseando los objetos que decoraban la estancia.

Escuche el sonido de unos tacones que se acercaban, ese rumor tan inconfundible y femenino que siempre me ha seducido, y me dirijí a la mesa para ofrecerte el caballito, sin imaginar como te encontraría cuando me di la vuelta. Junto con el taconear más intenso fue emergiendo tu silueta en la penumbra de un pasillo. Al contraluz se adivinaba tu cabello que se movía acompasando el ritmo del taconeo y la sombra de tu silueta, segura de ti misma, tan femenina como la había imaginado por las fotos que compartías. Y mi natural timidez se acrecentaba y alimentaba mis nervios conforme te acercabas, en un instante que se me hizo tan infinito que hubiera dato tiempo a que el liquido de lo vasos se evaporara. Lo que nunca pude imaginar es lo que ví cuando llegaste al umbral del salón y me deslumbraste al verte bajo la luz, quedándome atónito y sin palabras. Eras una versión infinitamente mejorada, y sin censurar, de tus contribuciones en la página. Destacaban tus ojos, tu mirada, tu cara siempre oculta y los labios de un rojo intenso que hacían resaltar aún más tu sonrisa. Un collar de cuero negro con una argolla ceñía tu cuello, y tu cuerpo, del que era difícil apartar la mirada, apenas si estaba cubierto con un negligé de encaje que destacaba la voluptuosidad de tus curvas, y en ese juego de sensualidad que tanto te gustaba, dejaba entrever tus hermosos pechos que se cimbreaban libres marcando el escote o apretándose contra la tela. Por debajo, resaltaba por el color negro un liguero que sujetaba las medias que envolvían tus piernas, y una escueta braguita que abrazaba tus caderas. Y en los pies, los zapatos de tacón alto que habían anunciado tu llegada e impulsaban el contoneo de tu cadera al caminar. Por la forma en que se resaltaba tu cuerpo, tus pechos, tus caderas, vino a mi mente una de las primeras fotografías que me compartiste en la que sólo llevabas una braguita negra, y tus pechos y pezoncitos se perfilaban contra el objetivo de la cámara. Una inesperada sensualidad y voluptuosidad que me dejó sorprendido, y repentinamente sin capacidad de reaccionar.

"Te pasó algo chamaco", me dijiste riéndote de mi perplejidad, y con un tono pícaro me preguntaste "¿No te gusta?". Apenas balbuceé, y atropellando mis palabras alcance a contestarte: "Me encanta. Me fascina. Sólo que no podía imaginar que...". Me interrumpiste: "shsss". Tomaste uno de los caballitos de mi mano, lo chocaste ligeramente con el mío, y con un gesto me invitaste a que ambos lo vaciáramos de un trago. Tu visión, el tequila recorriendo mi garganta, me llenaron de calor y subían mi temperatura. Me ayudaste a quitarme el saco, y aprovechaste para desabrochar algunos botones de mi camisa. Deslizando tu mano por mi pecho me dijiste: "siempre me han gustado los hombres velludos", a lo que yo respondí, deshaciendo el único lazo que cerraba la prenda de encaje en el escote mientras decía: "A mi las mujeres curvilíneas y voluptuosas." Con un dedo me empujaste para que me dejara caer sobre un sofá, y te apartaste para rellenar los vasos, continuando con tu juego de exhibición y seducción. Te deshiciste de la prenda de encaje, y dándome la espalda, te doblaste hacía la mesa para sevir el tequila empujando las cadera hacía atrás, mostrándome y demostrándome la redondez y hermosura de tus nalgas aún mas destacada por los tirantes del ligero dibujando sendos meridianos que se alargaban en tus piernas. Yo callaba, observaba y notaba que mi excitación apenas se disimulaba bajo el pantalón.

Volviste solo con un vaso, contoneando tus caderas, frotando tus piernas entre sí, y cimbreando tus pechos. Me diste el vaso, y te agachaste exageradamente hasta que tus pechos gravitaron libres a la altura de mis ojos. Mojando tu dedo en el tequila lo frotaste por tus pezones que se erizaban al sentirse acariciar. Lo mojaste de nuevo y dibujaste un línea desde la argolla de tu collar de cuero hasta el ombligo deslizando la mano por el angosto valle entre tus pechos. Una vez más, humedecido el dedo recorrió desde tu axila hasta tu cadera dibujando tu silueta. Tus manos, tus dedos, pintaban sobre tu cuerpo como yo hubiera deseado hacerlo sintiendo la sensualidad de tu cuerpo. Sin levantarme del sofá me incorporé, me agarré a tus caderas y acerque mis labios a tu vientre que besé con ternura y pasión. Mis manos se deslizaron hasta tus nalgas, abrazaron tus muslos, y tu apretaste mi cara contra tu cuerpo, a la vez que te agachabas para enterrarla después entre tu pechos. "Devórame" dijiste a la vez que te sentabas a horcajadas sobre mi y me apretabas contra ti...
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- Sensual y seductora -
Publicado en:2 Noviembre 2019 8:06 pm
Última actualización en:9 Noviembre 2019 2:54 am
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- Sensual y seductora -

Cómo te gusta jugar a seducirme, con tu mirada, con tu sonrisa, con tus pequeños gestos, con un escorzo de tu cuerpo, con un sí es no. Y cómo me gusta que juegues conmigo. Sabes que soy presa porque me tienes cautivado, cautivo de tu juego de seducción.

Como en este momento en que has desaparecido. Habíamos quedado para tomar un café, para ponernos cara dijiste, pero en el último momento has cambiado de opinión y no has aparecido. "Cambio de planes", me anuncia tu mensaje, y acto seguido otra dirección. Te envío un mensaje al llegar, tal y como me has pedido/ordenado: "No subas sin avisar antes ", y misteriosamente me respondes muy escueta con un número de piso y puerta.

Cuando llego arriba encuentro la puerta entreabierta. Empujo tímidamente, entro y cierro sin hacer apenas ruido. El espacio está en penumbra, iluminado tan solo por un reflejo de luz bajo una puerta detrás de la que oigo la que presumo es tu voz decir con un tono pícaro: "¿Por qué no preparas una infusión de enebro y quinina?", lo que inmediatamente me recuerda una de tus fotos acompañada sólo de tu copa favorita. "Sí, claro" contesto, y casi antes de empezar a servir la copa veo tu sonrisa aparecer cuando cruzas el umbral de la puerta. "Todavía así??", me dices, mientras entras en la habitación, y entre la fascinación de tu mirada y la penumbra te voy adivinando: Tus sandalias rojas de altos tacones que acompasan un insinuante y cimbreante caminar y dejan adivinar tus uñas rojas a juego, y un ligero pareo en tonos rojos atado sobre tu pecho y que apenas llega a tus piernas. En una de tus manos vienes jugueteando con tus larguísimas perlas, y en tu cara como no podía ser de otra forma tu eterna sonrisa resaltada por un brillante rojo Piaggio. Todo ello contrasta con la palidez de tu piel que irradia la luz que se deja escapar desde la habitación contigua.

Con una mirada intensa a la par que dulce sobre mi, te acercas contoneándote mientras yo continuo preparando la copa a la vez que intento no perder detalle de tu movimiento cuasi felino, y descubro al tenerte más cerca que el pareo a duras penas puede contener tu figura, y transparenta la forma de tus pechos apretados bajo el nudo. Después te muerdes el labio inferior y bajas la mirada hacía la copa, que yo sigo con la mía para ver como mojas un dedo en la copa a medio preparar y lo llevas a tu boca, para apretarlo entre tus labios, saborearlo y chuparlo con intensidad, manteniendo en mis ojos una mirada que parece delatar tus pensamientos. Suelto la copa, y tomo tu mano para arrastrar tu dedo de tu boca a la mía. Haces un gesto de sorpresa, tomas mi mano derecha, mojas mi dedo índice en la copa y lo llevas a tu boca para sustituir el dedo perdido.

Con tu otra mano, sin soltar tus perlas que ruedan caprichosas sobre tu piel, aflojas el pareo y lo deslizas hasta descubrir tu pecho izquierdo. Y con el dedo de mi boca, empapado de mi saliva, acaricias tu pezoncito que se eriza con el juego. Después, enroscando las perlas en mi muñeca, retiras mi dedo de tu boca y arrastras mi mano que se desliza por tu cuello, por tu piel, hasta posarse sobre tu pecho izquierdo pellizcando ligeramente el pezoncito erizado entre mis dedos a lo que respondes apretando los labios y mascullando un leve gemido. Mis dedos se enfrascan en una lucha con el nudo de tu pareo, que tu aprovechas para restregar tu mano con las perlas sobre la entrepierna de mi pantalón, y mirarme mordiendo el labio al cerciorarte del efecto inmediato de tus seductores encantamientos. Cuando por fin la victoria esta de mi lado y el pareo cae a tus pies descubriendo tu cuerpo desnudo te das la vuelta. Dejas caer las perlas por tu espalda, y te diriges hacia la puerta iluminada cimbreando tus caderas al compás de tus tacones, mientras las perlas ruedan en tu espalda, y saltan sobre tus nalgas. Te detienes por un instante, te giras levemente hasta que el perfil de tu pecho se define a contraluz, y haciendo un gesto con el dedo invitándome a seguirte susurras: "Sin traje. Igualdad de condiciones" para despedirte guiñándome un ojo y tu sonrisa infinita antes de vea tu silueta perderse tras el umbral de la puerta...

En este momento sólo tengo dos opciones, terminar de preparar la copa que me había pedido mi anfitriona (tú), sentarme en el sofá a degustarla y esperar a ver que sucedía; o seguir tus instrucciones. Cómo siempre he sido buen chico y sigo teniendo espíritu de bueno opto por obedecer y comienzo a desnudarme. Voy dejando la ropa cuidadosamente doblada y colgada sobre una silla mientras agudizo el oído a ver si por el ruido consigo adivinar que puedes estar haciendo, pero apenas si se escucha un leve sonido de tu cuerpo moviéndose contra las sábanas. Una vez desnudo, en igualdad de condiciones como estabas exigiendo, camino hasta la puerta y entro en la habitación iluminada.

Apenas percibo la sombra de tu cuerpo tendido a lo largo de la cama, el contraste entre la penumbra de la sala y habitación iluminada me deslumbra y no es hasta después de unos segundos después de cruzar el umbral que mis ojos son capaces de verte con total claridad y descubrir que estás jugueteando con tus perlas sobre tus pechos y tu vientre. Sonríes, casi diría que te ríes de la mueca en mi cara luchando por que mi vista se aclare, y haces un hueco en tu cama que me invitas a ocupar golpeando suavemente con la palma de una mano un par de veces. Me acerco y mis ojos recorren tu cuerpo, se recrean en las marcas que ha dejado sobre tu piel la ropa que te has quitado antes de que yo llegara y que se amontona sobre una descalzadora. Me siento a tu lado y mis dedos comienzan a jugar recorriendo esas líneas que se van difuminado y olvidando el recuerdo del opresor: la cintura del pantalón en tu vientre, tus braguitas bajo la linea del pantalón bordeando tus nalgas, el sujetador en torno a tus pechos... Humedezco mis dedos en la copa y como si aplicara un tónico curativo recorro cada línea humedeciendo tu piel.

En su caminar mis dedos tropiezan con las perlas de tu collar, se enredan con él, y las llevan por el mismo recorrido. Las enredan alrededor de tus tetas, casi aprisionándolas, enardeciendo aún más tus pezoncitos, ya erizados por tu juego previo, sobre los que dejo gotear los dedos mojados antes de posar mis labios, mi boca, sobre ellos y agarrarme como un lechón hambriento. Sin soltar tu pecho, mojo de nuevo dos dedos en la copa y los acerco a tu labios, los humedezco, y antes de que vuelva a mojarlos en la copa los atrapas con tu boca. Siento la presión de tus labios, tu lengua jugando, la succión que los aprisiona. Mientras hemos conectado nuestros cuerpos en esta curiosa comunión, tus manos libres oprimen el pecho huérfano y buscan entre tus piernas el origen del calor que se enciende y esparce por tu cuerpo hasta sentir empaparse los dedos de la humedad que mana de tu coño excitado.

Cuando por un momento levanto la cabeza buscando tu mirada para pedirte que me dejes mojar de nuevo los dedos en la copa, siento en mis labios tus dedos húmedos. Mi mente quiere pensar que has sido tu ahora la que hacía uso de la copa, pero cuando mi lengua saborea el liquido que humedece mis labios enseguida acierta a descubrir que es el néctar de tu cuerpo lo que me ofreces, y chupo tus dedos apasionadamente hasta beber la última gota.

Me recuesto a tu lado, una mirada frente a la otra, una boca frente a la otra pidiendo a gritos unirse, y me siento que me abraza tu pierna, me arrastra hasta tí buscando que se fundan nuestros cuerpos

* * * * * * * * *

Muy lentamente me despierto, con una sensación de placidez absoluta. Con la sensación de no haber dormido tan profundamente en mucho tiempo. Descansado, relajado. Apenas empiezo a sentir mi cuerpo, mis párpados intentando abrirse, mis dedos desentumenciéndose, y siento un rayo de sol que se cuela por la ventana que empieza a calentar mi piel.

Entreabro mis ojos y un resplandor los llena de luz, cuando los abro del todo descubro tu cuerpo desnudo junto a mi irradiando cada rayo de sol que le alcanza. Todavía duermes profundamente, con una serena quietud, tus labios y tus ojos suavemente cerrados guardando tus sueños y tan solo una ligera respiración que hace vibrar muy levemente tus pechos. Y yo me aprovecho para contemplar, en mi despertar, cada detalle de tu cuerpo iluminado por los rayos del sol. Con delicadeza para no despertarte mis dedos recorrer tu piel, buscan pliegues, líneas, marcas, cualquier excusa para dibujar un camino, el valle dibujado por el escote de tus pechos, tu vientre relajado adaptándose a la postura de tu cuerpo enroscado sobre si mismo, y tu brazo descansando sobre el perfil de tu cuerpo dibujando una segunda silueta.
Y el solo sentir de tu piel hace despertar mi excitación como la tarde anterior. Y en ese despertar y toma de conciencia de mi propio cuerpo descubro como tu collar de perlas todavía esta enredado y aprisionándome, y al buscar el otro extremo veo que se pierde entre tus piernas, y nos ha unido en nuestros sueños como un cordón umbilical. Vuelvo a cerrar mis ojos para recordar como los dedos mojados en la copa se perdían en tus labios, como tu boca lleno mi boca, y mis manos se emborracharon de tu cuerpo, como me enredaste entre tus piernas, y después como amazona me venciste y subiste sobre mi para cabalgar tu victoria. Siento todavía el sabor de tus pezones en mi boca mientras domabas mi montura a tu placer, una gota de sudor que se deslizaba entre tus pechos, y la humedad entre tus piernas que lubricaba tu vaivén.

Cuando vuelvo a abrir los ojos no te encuentro y son mis oídos los que te descubren. Oigo el rumor de agua, un chapotear, y me apresuro a ir al baño a contemplarte. Entreabro la puerta y después de contemplar el esplendor de tu cuerpo, busco tu sonrisa de aprobación con mi cara de interrogación. No solo me regalas tu sonrisa, sino que con otro gesto me invitas, casi diría me obligas, a compartir el baño contigo. Me recuesto en el fondo de la bañera y tu te acomodas sobre mi. Tus pechos sobre mi pecho, tus labios frente a los míos, tu vientre sobre mi estómago. Aparece de la nada tu collar y lo enredas en torno a nuestros cuellos, y mientras nuestras bocas se van saboreando, entreabriendo tu piernas nos vamos acoplando hasta que sientes como mi polla comienza a deslizarse entre los labios de tu coñito, y mis manos aprietan tus nalgas
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...de la ducha
Publicado en:1 Noviembre 2019 6:20 pm
Última actualización en:5 Noviembre 2019 9:30 am
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Sales de la ducha apenas cubierta con un mínima toalla, las gotas de agua sobre tu piel, unas deslizándose suavemente, arrastrando a otras en su camino y acelerándose evitando el camino más sinuoso, otras asiéndose a tu piel como el naufrago a su tabla, compitiendo en quietud con la estrella polar.

Y apenas si cubres tus pechos delante de mi, los descubres para mí.
Un regalo para mi pasión. Y me quedo absorto contemplándote. Contemplando su deliciosa gravidez y libertad, contemplando como se aprietan el uno contra el otro marcando la sensual línea del escote que es perdición de todo el que te ve, contemplando la línea del verano, secreta, oculta, que guarda una especial palidez reservada sólo para algunos elegidos, contemplando como se arrebatan tus pezoncitos sólo por la forma en que los miro y los deseo, adelantándose al momento en que mis dedos los acaricien, y mis labios se aprieten a su alrededor.

Y todavía sin tocarlo, antes de besarlo, su dulzor ya llena mis labios, llena mi mente, eleva mi deseo y excitación, que tus ojos han notado como se hace patente bajo mi pantalón. Dejas que mis manos se deslicen bajo tu toalla y sientan tu piel cuando tiran de tu cintura para acercarte a mi. Y acercas tus pechos contra mi cara, rozas tus pezones contra mi nariz, mis labios, me inunda tu fragancia, y sin remedio nos dejamos llevar...
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- As de Picas -
Publicado en:21 Septiembre 2019 3:10 pm
Última actualización en:7 Noviembre 2019 4:53 pm
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- AS de Picas -

Igual que hacía tu nuevo cachorrito de gato cuando me ha visto entrar en tu casa me quedo extasiado con los ojos bien abiertos contemplándote. Deleitándome con la visión de tu cuerpo, y sueño despierto con mis dedos deslizándose por tu piel. Te tengo a mi lado tendida sobre la cama, desnuda, iluminada por la luz del día que me invita a recorrer cada detalle de tu cuerpo. Lo recorren mis manos abiertas que lo acarician y dibujan su silueta. Desde los pies suben recorriendo tus piernas y tus muslos torneándolas del tobillo hasta las ingles, y como el alfarero siente que el barro se convierte en pieza en sus manos, mis manos sienten y se adaptan al contorno cambiante percibiendo el calor cuando las dos piernas se acercan y se cierran entre sí. En su exploración, descubrimiento de tu cuerpo, mis manos se abren a las caderas y cintura, y recorren tu vientre, zigzagueado y brujuleando como un naufrago perdido, tanteando el terreno, sintiendo su suavidad, acariciándolo con ternura y pasión, bordeando el ombligo, caminando desde la frontera de tus pechos hasta el monte de venus, oteando el abismo del pubis que reservan para más adelante. Después de compartir la suavidad y el calor de tu vientre con mis labios, se antojan de tus pechos, senos, tetas, todas palabras hermosas y excitantes para nombrarlos y describirlos. Los abrazan, los aprietan entre sí, los juntan. Sienten su volumen, su peso, que se reparte entre mis manos. Se encaprichan de uno y ambas manos lo acunan y este adapta su forma a la de mis manos, se desborda, y el pezoncito caprichoso se enardece ante tanto juego de manos, y reclama el contacto de mis labios. Junto mi cuerpo al tuyo, sientes mi calor y deseo, y mientras pego mis labios al pezón que los reclamaba, una mano se ocupa del otro seno, el que quedó olvidado, y la otra te acaricia el costado, la axila, el brazo yaciente hasta alcanzar tu mano y estrecharse con tus dedos. Parece que el tiempo se detiene cuando mis sentidos se llenan de ti, el aroma de tu cuerpo, el sabor de tu pecho, la delicada textura de tu piel, y tu respiración levemente agitada e interrumpida a ratos por un casi imperceptible gemido que es lo único que llena mis oídos junto con el roce de nuestros cuerpos sobre las sábanas.

Con tu brazo libre, te estiras hasta la mesilla de noche y coges un pequeño objeto brillante que chupas y lames con el mismo interés y devoción con que yo devoro tu pezón excitado. Lo acercas hasta mi mano izquierda que acaricia tu pecho libre, me lo entregas, y a la vez que tu otra mano aprieta con complicidad mi otra mano, susurras: "Pónmelo". Nunca había tenido uno entre las manos pero reconozco el as de picas tridimensional. Mis boca se despide de tu pecho con un beso, mientras que tu levantas y encoges tus piernas abriendo el camino al explorador. Acerco primero mi cara, y me llena el aroma de tus jugos rezumando entre tus labios que no puedo evitar saborear, y aunque el as viene empapado de tu saliva lo acerco a tus labios para que se remoje y empape de tus jugos más íntimos, mientras dejas escapar un pequeño maullido de tu boca. Doblemente empapado de ti lo acerco a su destino, y al sentir el tacto por primera vez levantas y abres más tus piernas a la vez que aprietas tus labios y tus manos se agarran a tus tetas. Voy presionando poco a poco, girándolo como un pequeño torno, y dilatándote en cada giro se va abriendo paso. Te miro de reojo, y veo como aprietas con fuerza tus tetas entre tus manos, a la vez que entre leves gemidos que parecen combinar placer y dolor vas pidiendo que siga avanzando repitiendo casi entre susurros: "Más, más, sigue". Convertido por momentos en tu esclavo, obedezco y prosigo, girando y presionando a cada giro hasta que al alcanzar el diámetro máximo se escapa de mis dedos absorbido hasta quedar ajustado en tu culo, momento en que dejas escapar un gemido más profundo a la vez que tus manos dan un apretón final a tus tetas retorciendo los pezones completamente enervados.
"Nunca había hech..." empiezo a decir, cuando me callas cerrando tus piernas, tus muslos contra mi cara y me haces callar: "ssshhhhh". Cuando no se escucha más que nuestra respiración y nuestras miradas se cruzan con voz tan dulce como queda me ordenas: "Ahora cómeme", y abres de nuevo tus piernas. Por un instante me quedo absorto, arrobado contemplando esa hermosa flor que abre sus pétalos para mí, resaltando su tono encarnado sobre la palidez de tu piel, orquídea hecha carne, inflamada y empapada de un rocío que rezuma desde su interior. Mis manos acarician tus muslos, tu vientre, mientras mi boca se llena de ti, mi lengua se pierde entre tus labios, y mis labios aprietan y succionan llenándote de mil y una sensaciones que llegan a mis oídos en el reflejo de tu respiración entrecortada y los gemidos que escapan de tu boca...
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- Bob -
Publicado en:16 Septiembre 2019 11:28 am
Última actualización en:7 Noviembre 2019 4:53 pm
1044 vistas

No estaba invitado y dada la hora era todo una abuso pero ahora que ya conocía tu dirección, después de que me hubieras invitado la semana anterior, no pude evitar presentarme en tu casa aquel día después de ver la foto que habías publicado en la mañana donde se te adivinaba un nuevo corte de pelo que lucía tremendamente seductor: un bob, creí recordar que había leído alguna vez .
Eso sí, con mis modales a la antigua, me quedó la prudencia y decencia para antes de presentarme en la puerta de tu casa enviarte un mensaje con una mentira piadosa como excusa. "Hola, la casualidad me ha traído por tu barrio, y no he podido resistirme ¿Puedo pasar a verte?". Me quedé esperando tu respuesta en la esquina de la calle desde donde alcanzaba a ver una ventana iluminada que pensaba era de tu casa. Pasados unos 10 minutos me llegó tu respuesta: "¡Vaya sorpresa! Estaba tomando un baño y preparándome para dar las buenas noches. Pasa cuando quieras". "Lo que tarde en llegar a tu portal, estaba haciendo tiempo esperando tu respuesta", contesté, y en menos de 5 minutos estaba llamando a tu puerta.

Me abriste la puerta con tu eterna y cautivadora sonrisa, y después de saludarnos con dos castos besos en las mejillas me dijiste "Qué rápido has llegado. Cualquiera diría que estabas haciendo guardia en mi puerta". A lo que sonrojándome conteste con voz queda: "Casi, casi". "¿Te importa si...?", dijiste señalando el teléfono haciendo el ademán de tomarte una foto. Qué simplemente conteste con un gesto de la mano invitándote a que siguieras con tu "deber" para tus seguidores. Mientras era testigo de tu proceso creador, buscando la postura adecuada, tu mejor sonrisa, un retoque a los colores, me deleitaba contemplándote. Se te veía radiante y a la vez destilabas el frescor del cuerpo recién bañado. Tu nuevo corte de pelo despejaba tu nuca y casi parecía que estiraba tu cuello para continuar hasta Los hombros desnudos. Tu cuerpo tan sólo se cubría con un pareo corto anudado sobre el lado izquierdo del pecho que dejaba adivinar el movimiento libre de tus tetas bajo la tela, y tenía el largo justo para cubrir las nalgas y mostrar todas tus piernas.

El brazo del teléfono en alto, buscando el mejor ángulo, el otro sobre tu pecho, y desde mi ángulo se percibía la suavidad de tu piel en tu cuello, tus hombros, tu axila hasta interrumpirse por la tela roja que contrastaba con tu piel, y continuar en tus piernas. Cuando terminaste tu sesión de fotos, me miraste y sonreíste con una expresión liberadora, "misión cumplida" dijiste. Y cuando empezabas a girarte te dije, casi supliqué: "No te muevas, por favor", y fui yo quien se acerco hasta tu espalda. "Te soy sincero. No estaba aquí por casualidad". "Lo sabía" replicaste, tu siempre lo sabes pensé yo. Y continué: "He venido a verte por tu nuevo corte de pelo. Desde esta mañana no pienso en otra cosa". Puse mis manos sobre tus hombros sintiendo la suavidad y el frescor que manaban de tu piel, y acerque mi nariz y mi boca a tu cuello desnudo. "Y desde que te he visto al cruzar la puerta he confirmado que no estaba equivocado" dije antes de comenzar a besar delicadamente tu cuello. Y mientras sentías mis labios en tu cuello, en tus hombros, decidiste por los dos que seguiría después y desanudaste tu pareo dejando tu espalda desnuda frente a mí...
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No parece lunes
Publicado en:12 Agosto 2019 1:01 am
Última actualización en:21 Septiembre 2019 3:32 am
1439 vistas

Así no parece lunes, sino una mañana de domingo. Sin hora ni fin ...

Una mañana sin horas, sin fin para yacer a tu lado.
Contemplando como el sol acaricia e ilumina tu cuerpo, como lo llena de luz y de sombras, resaltando los relieves y aplanando las ondulaciones de las llanuras. Como el pintor contempla a la modelo para convertirla en su Venus.
Dibujando con los dedos sobre tu piel las cambiantes sombras y claroscuros que el sol va pintando sobre tu cuerpo. Cambiando los relieves y la temperatura con caprichosas caricias. Y sentir, y ver brotar como gotas de rocío el rezumar del cuerpo caliente, transpirando para enfriarse de la radiación del sol, y destilando el néctar atrayente fruto del calor que nace en su interior.

Dejarme enredar por la pierna asoleada que busca un cuerpo frío en la superficie pero ardiente por dentro, y recibir tu calor con agitación y ardor fluyendo dentro de mi.

Sin hora y son fin, hasta que la mañana se haga mediodía, y el mediodía se haga tarde.
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- Pistas de tus secretos -
Publicado en:11 Agosto 2019 2:37 am
Última actualización en:16 Septiembre 2019 10:02 am
1652 vistas

- Pistas de tus secretos -

Cómo un juego de adivinanzas llenas de sensualidad y un fino toque morboso, vas regalando pistas de tus secretos, revelando tus detalles más íntimos que despiertan aún más mi deseo y admiración.

Hoy has elegido una camiseta de punto, abotonada en la parte delantera, que da forma a un amplio y precioso escote que de inmediato convierte en tu admirador a todo aquel cuya miradas atrapa. Has elegido la libertad y tus pechos, sólo sujetos por la camiseta, se cimbrean libremente bajo el escote al compás de tu caminar, provocando tensión en los ojales de los botones en su movimiento y en los ojos de todo aquel que te mira. Buscas aún más libertad y desabrochas los primeros botones. De inmediato, uno de tus pechos se abre paso, quiere ser el protagonista, y se descubre liberándose de la tela que lo cubre. Mi mirada ,que ya estaba fascinada por la visión y dibujaba las transparencias de las venas y los lunares sobre las curvas de tu escote, queda cautivada por el hermoso volumen del atrevido seno y la amplia y oscura areola que lo corona. Mis labios se aprietan, deseando ser agraciados con el placer de besarlos, saborearlos. Y mis dedos quieren escaparse y llegar hasta ti, acariciar tus pechos, sentir la cambiante textura de tus pezones cuando se ericen con el roce de mis dedos.

De pronto, interrumpes mi deseo, mi pensamiento, mi visión. Te levantas, me diriges una mirada cómplice, y ayudada de un sinuoso movimiento que resalta aún más tu curvilínea sensualidad, bajas tus ajustados pantalones descubriéndome que lo que había creído una camiseta resulta ser un body que se ajusta a la línea de tu cuerpo. De caderas altas, dejan al descubierto la redondez de tus nalgas que se muestran en todo su esplendor, y muestran las marcas que han dejado sobre la piel los ajustados pantalones, mientras la tela del body se pierde hasta desaparecer entre ambas nalgas. Me coqueteas, me provocas con la femineidad de tus curvas, doblándote sobre tu cintura y resaltando aún más la silueta de guitarra. Te arrodillas provocando una pulsión interna dentro de mí que deseo acercarme, atrapar entre mis manos la esfericidad de tus caderas, hundir mi cara y perderme entre tus nalgas. Mi deseo y excitación está cada vez más encendido, más alterado, cuando te volteas y entreabres tus piernas.

Como la guinda de un pastel, me guardas una última sorpresa. Deslizas tus dedos desde tus caderas por el borde de la tela del body, que estiras hasta que se estrecha. Sin braguitas porque hoy querías estar más libre que nunca, la tela empieza a descubrir tu pubis, de labios carnosos y rasurados, y se pierde entre tus labios humedeciéndose de tu dulce néctar que ya te humedece. Liberas el broche del body, y se muestran tus labios en todo su esplendor, ligeramente entreabiertos, y brillando por los fluidos que lo humedecen y quieren escapar. Me quedo sin palabras, soy todo deseo por ti, y fluye, bulle la sangre por mi cuerpo haciendo crecer mi excitación.

Espero tu gesto, una señal, que me autorice a traspasar la línea, a compartir tu sensualidad, que mis dedos se deslicen por tu piel y te libren de la tela que ahora es sólo un estorbo. Que te desnuden por completo y acaricien tu piel, dibujen tus sinuosas curvas, y marquen a mis labios donde posarse, para besar, lamer, saborear, el dulzor de tu cuerpo. Encontrar tus puntos más sensibles hasta hacer que un escalofrío de placer recorra todo tu cuerpo...
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- Me siento sucia -
Publicado en:9 Agosto 2019 12:45 am
Última actualización en:14 Septiembre 2019 4:17 pm
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-- Me siento sucia --

Me quedo extasiado al tener el privilegio de contemplar la desnudez de tu cuerpo, y cierro los ojos para soñar que no es sólo una visión sino que te tengo al alcance de mi mano. Has entrado en la habitación para coger el pijama, ir al baño a ducharte y cambiarte de ropa, pero me encuentras recostado en la misma cama donde te has fotografiado. Cierro el libro que sostengo entre mis manos para dejar que mis ojos sigan tus movimientos. Sonríes, te veo resplandecer, y te bajas de tus
zapatos rojos que colocas con cuidado de vuelta en su caja. Buscas tu pijama, y con voz suave y algo agotada del día dices "voy a darme un baño" mientras vas hacia la puerta. Asiento, recupero mi libro, y murmuro en voz muy queda: "yo me suelo quitar la ropa antes".
Te detienes, sin girarte y sin decir nada dejas el pijama en la esquina de la cama. Escucho como desabrochas la hebilla del cinturón, sueltas un pequeño suspiro de alivio, y a continuación el rumor de la cremallera desgarrándose lentamente. Tan lentamente como a continuación tus manos se deslizan bajo la tela y la van empujando por tus caderas, la ayudan a sortear tus nalgas, y la acompañan por tus piernas, ahora desnudas, hasta dejarla caer a tus pies, que con un coqueto gesto salen del círculo de la prenda enrollada sobre si misma.
Ahora sí, me miras por encima del hombro, y descubres que mi único interés está en mirarte con fascinación. Te giras para quedarte frente a mi, me miras a los ojos, te muerdes los labios y vuelves a sonreír. Te devuelvo la mirada, pero también te contemplo toda. La blusa insinuando tu escote y ondeando libre sobre tus caderas, dejando tus piernas ya desnudas.
Comienzas a desabrochar los botones de la blusa, uno, dos, se descubre el encaje que cubre tus pechos y el insinuado escote se hace omnipresente, tres, cuatro, te giras de medio lado y dejas caer la blusa descubriendo el hombro que queda más cerca de mí. Te acaricias el hombro, y deslizas dos dedos bajo el tirante del sujetador dejando tu hombro, ahora sí, completamente desnudo. Giras 180 grados, mostrando fugazmente el torso medio descubierto, y repites la maniobra desnudando el otro hombro. La blusa caída deja media espalda al descubierto y reposa sobre tus brazos como si llevaras una chalina.
Caminando de medio lado, te acercas hasta mí, mordisqueas un dedo y a continuación señalas a la espalda que me ofreces mientras guiñas el ojo. Interpreto tu orden, mi deseo, y desabrocho en tu espalda el broche del sujetador del que te deshaces cuando te vuelves a alejar de mi. Te vuelves de nuevo frente a mí, arropada con tu blusa que ciñes sobre tus pechos que enmarcados por tus brazos realzan su volumen mientras la blusa insinúa su liberado movimiento, y los pezoncitos erizados que se aprietan contra la tela.
De pronto, sin llegar a comprender cual ha sido tu gesto, te deshaces de la blusa y te tengo completamente desnuda frente a mí. Refulgiendo en tu palidez preveraniega: tus pechos, a merced de la gravedad, moviéndose libres de toda opresión y apuntándome mediante los pezones erizados. Tu vientre y tus piernas, dulcemente marcados por tu hermosa madurez que tanto me fascina. Tu pubis delicadamente rasurado, al igual que tus axilas, para crear un continuo de suavidad infinita. No ha sido hasta ese momento en que me doy cuenta que ya te habías desecho de tu braguita.
Alargo una mano, invitándote a que te acerques hasta mí. Con una timidez fingida, escondes tu mirada detrás de pelo y te acercas hasta estar al alcance de mis manos. Poso mis manos sobre tu cintura, las deslizo por tus caderas, tus muslos, y te acerco hacia mí hasta alcanzar con mis labios tu vientre, tu piel, con beso con dulzura, mientras el aroma de tu piel me llena. "Me siento sucia", susurras, mientras sientes mis labios recorrer tu piel. Aparto ligeramente mis labios y levanto mi mirada hasta alcanzar la tuya, y te contesto: "Me gustas, te deseo, también sucia". Te doblas sobre tu cintura, como queriendo acercarte, y derramas tus preciosas tetas sobre mi cara, pero antes de que pueda sentirlas en mis labios te dejas caer sobre la cama, estiras tu cuerpo, los brazos sobre la cabeza mostrando tus axilas, las piernas entreabiertas una apuntando a cada esquina y la otra ligeramente flexionada, tus tetas derramándose libremente y cierras los ojos. "¿Sucia también?, no me gusta sentirme sucia", murmuras. Me levanto, para arrodillarme sobre ti y venerar tu cuerpo. Poso mis labios sobre tus parpados, suavemente como una mariposa, casi no sientes el beso, sobre tus labios, sobre tu cuello, me guío por tu clavícula hasta llegar a tu axila que beso repetidas veces, inspirando el aroma acre del sudor acumulado del día. "Sucia también, hasta eres más tú", te contesto entonces. Acaricio con mi mano izquierda tu pecho izquierdo, lo empujo y sostengo levemente sintiendo su peso y su forma sobre mi mano, mientras mis boca baja desde la axila, lamiéndote y besándote hasta encontrar el pezoncito endurecido del otro pecho. Mi lengua lo recorre en círculos, y luego lo atrapo entre mis labios primero apretándolo suavemente, lamiéndolo, y después como una ventosa abriendo y llenando mi boca, para succionarlo y acariciarlo con la lengua dulce pero apasionadamente. Mis manos prosiguen su camino de admiración, acarician tu vientre repetidas veces recorriendo tu cintura de lado a lado, sintiendo como se hunde suavemente al sentir la leve presión, bajan hasta tu cadera, y vuelven al centro para detenerse en el promontorio de venus, sentir su forma, su forzada suavidad y luego deslizarse hasta alcanzar la profundidad de tu ombligo alrededor del cual deposito mis labios, y mordisqueo tu piel.

En un nuevo viaje, mis dedos se deslizan por tus ingles, rozando con el dorso de mi mano la vulva inflamada, para acariciar tus muslos, entre las piernas y regresar buscando las caderas y las nalgas que se aprietan contra las sábanas. Estoy arrodillado frente a tí, acariciando tus piernas y con esa visión que me recuerda a Courbet. Sumerjo mi cara entre tus piernas, para sentir el aroma que emana de tu coñito y repito: "Sucia también", y me lleno de ti, muy lentamente, te huelo, te saboreo, sin que mis manos dejen de acariciar tus piernas, tus nalgas, tu vientre. Lleno mis sentidos de tu piel, de tus aromas, de tu sabor, siento tu piel erizándose, y mi cuerpo excitado por ti.
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- Amanecer -
Publicado en:5 Agosto 2019 6:48 am
Última actualización en:25 Agosto 2019 6:56 pm
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- Amanecer -

Yacemos los dos desnudos sobre las sábanas, los cuerpos como desvencijados buscando un reposo infinito recuperándose de la cruda de la pasión en una noche que no terminaba, y dejó nuestros cuerpos rezumando por todos sus poros.

No ha amanecido y el calor despierta mi mente, aunque no sé si es calor de la tierra, o el que tu me has contagiado en esta noche. Siento tu cuerpo junto al mío y entreabro los ojos. Giro y acomodo mi cuerpo de medio lado para contemplarte. Tu sigues dormida, plácidamente dormida, pero como en un acto reflejo al sentir el cambio tu cuerpo también busca acomodarse y se gira de medio lado hacía mí. Los brazos estirados, dejando respirar tus axilas y enmarcando tu cabeza y tu rostro que reposa sobre el brazo que queda sobre la cama. Con el movimiento del torso, se agitan y se acomodan tus pechos, que buscan un nuevo equilibrio hasta quedar uno relajado reposando sobre las sabanas, y el otro encimado sobre el primero. La cadera ligeramente ladeada, para que la pierna que queda arriba se adelante y acomode sobre la otra.
Contemplo el relieve de tu perfil, la sinuosa línea que dibuja un valle en tu cintura y una intensa colina en tu cadera al contraluz del leve resplandor que se cuela por la ventana.

Del exterior, no llega ningún sonido, y solo al acercarme a tu rostro alcanzo a escuchar el leve rumor de tu respiración. Retiro un mechón de tu pelo que ha quedado sobre tu cara y dibujo con mis dedos tu rostro, los arcos de tus cejas, las curva almendrada de tus ojos y la linea de la nariz que separa tus pómulos y me lleva hasta tus labios, que acaricio en un leve beso con los míos.
Primero con el dorso de la mano, luego con los dedos, acaricio tu brazo, tu axila, y mi mano recorre el relieve de tu figura hasta donde alcanza mi mano sin alterar mi postura, más allá de tu cadera, a media pierna. Muy despacio, en un ir venir como el sabueso que reconoce el terreno en busca del rastro de su presa, y dibuja en su mente los movimientos que hizo y cada punto que pisó. Capturando con la palma de mi mano las ondulaciones de tu figura, la suavidad de la piel al deslizarse, la redondez y el volumen del cuerpo. Sentir todavía la piel todavía ligeramente impregnada del sudor que rezumaban nuestros cuerpos unas horas antes. Y sintiendo en las yemas de mis dedos cada mínimo detalle del que es capaz de percibir, un vello creciendo adelantado, una pequeña cicatriz o un lunar, los pliegues todavía marcados por la ropa ajustada, o estrías alineadas en torno a las caderas como el fondo del mar barrido por leves olas en una playa. Todo un universo de reafirmación de tu femineidad, que me fascina y se convierte en un pequeño y delicioso placer.

En ese descubrir y aprehender tu feminidad, no puedo olvidar tus voluptuosos pechos. Estudiados primero por mis ojos, y ahora, cómo si fuera el agrimensor delimitando las fronteras del terreno explorado, dibujo con mis dedos el contorno de pechos, esa frontera imaginaria donde se despega del pecho y gana volumen, descubro tu lunar y lo hago mío, y de ahí mis dedos buscan la frontera interior, ahí donde cambia de color, de textura, y se convierte en centro y cumbre a la vez. Y aun dormida, al tacto de mis caricias, se contrae, se arremolina sobre sí, vuelve rugoso el terreno en derredor y se enardece el pezón caprichoso de si mismo.

Tanta intromisión ha despertado a tu yo consciente. Abres un ojo y me descubres a tu lado, me miras. Te haces consciente de mis caricias, y recuerdas la noche pasada. Te sientes querida y deseada. Te sonríes. A tientas buscas con tu mano, primero mi mano que entre tus piernas llevas hasta tu pubis, después buscas y encuentras entre mis piernas mi miembro erecto y excitado por ti. Me sonríes. Lo agarras, lo acaricias. Acercas tu boca a la mía, y apasionadamente unimos nuestros labios, nuestras bocas, nuestras lenguas. Y enroscando mi cuerpo entre tus piernas unes nuestros cuerpos....
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¿Fantasía o realidad? [post 4234996]
Publicado en:26 Julio 2019 6:29 am
Última actualización en:7 Agosto 2019 3:06 pm
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Al hilo de esta Fantasa o realidad interesante entrada de Sexy__y_algo_mas en su blog comentaba yo, copio y amplio mi comentario:

"Hay de todo como en botica", cómo se suele decir en mi tierra.

Y añadiría que no sólo es que haya personajes de diferentes tipos: desde los puramente virtuales hasta ser completamente imaginarios sin parecido con su propietario hasta los más crudamente reales, sino que las circunstancias y los intereses de cada quien en cada momento influyen también en esos comportamientos, que pueden ir cambiando a lo largo del tiempo. Pongo un ejemplo personal:

Yo llegué aquí con curiosidad, y más como observador (quizás debería decir voyeur verdad), sin ánimo de participar y con un perfil casi vacío. Después comencé a participar en las salas, más interesado en lo virtual que lo real, con lo que no importaba la distancia e incluso participaba en más ocasiones en salas generales en inglés que en español.

No mentía sobre mi pero en general los detalles personales no era un asunto que saliera habitualmente en la conversaciones. Si conectaba con alguien con quien hablaba de forma más repetida, y entonces surgían cuestiones más personales no tenía problema en comentar mi situación sin inventarme un personaje de novela adaptado a cada interlocutora (además con mi memoria tendría que llevar un registro con el personaje inventado en cada caso para no meter la pata). En todo caso si había algo que iba más allá de mi pretendido anonimato, directamente comentaba que no iba a dar más detalles. Lo lógico y natural que esperaría de la otra parte.
Dado que yo trataba de curiosear (hasta donde puede un estándar) los perfiles, consideré que debía ser recíproco y fui rellenando mi perfil, incluso con fotos.

Actualmente estoy más interesado en las realidades que las fantasías, y si me dan un medio privado siempre respondo. Luego veremos hasta donde nos lleva, y si ambos tenemos ese interés común. Si no, espero que me lo digan, cosa que no siempre pasa y se queda uno esperando una respuesta que nunca llega.
Aunque encuentro mujeres muy interesantes del otro lado del océano a las que me encantaría conocer en persona, dado lo escaso del tiempo y recursos de todos hago más esfuerzos con quienes está más cercanas, y la posibilidad de un encuentro real es más factible.
En resumen, lo que cuento en mi perfil (que quizás no sea mucho aunque he respondido a casi todas las preguntas) es cierto, si charlamos sólo te contaré la verdad, y si algo no cuento es por mantener el anonimato, y así lo hago saber.
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-- Timidez redimida - -
Publicado en:25 Julio 2019 9:17 am
Última actualización en:16 Septiembre 2019 10:08 am
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-- Timidez redimida --

Tan incrédulo y racionalista como soy, y de pronto resulta que los milagros existen. Había fantaseado muchas veces con que esta situación se hiciera realidad, pero mi mente racional la mantenía en el espacio virtual donde nació, para no crear vanas esperanzas. El caso es que se había creado una admiración mutua, por diferentes motivos, y manteníamos una comunicación continua, aunque intermitente. Eso sí, siempre a través de la página donde ambos publicábamos. Mejor debería decir donde tu publicabas, porque yo era un coleccionista sin publicaciones propias. Si hago memoria, creo que yo solamente había compartido una fotografía, y fue en privado, para una prueba que necesitaba hacer. Y fue una foto muy formal en la oficina, sin el saco, pero bien atildado como es mi costumbre. Por mi parte, todo lo demás fueron siempre palabras para sus colaboraciones, palabras de cortesía, de admiración, de pasión, de agradecimiento, de exaltación de tu hermosura y voluptuosidad, y puede que incluso de cortejo.

Sabía que la distancia entre ambos era casi infinita. Por mi situación personal no podía viajar solo, y la posibilidad de un encuentro era una utopía. Y nos separaba todo un océano lo que hacía que no se dieran las condiciones para un encuentro fugaz. En tu caso era un misterio, porque te expresabas más con la imagen que con las palabras, aunque siempre agradeciste las mías que sentías especiales y distintas dentro de la selva de comentarios que te llegaban. A pesar de ello, mis comentarios, historias, estaban creados a contracorriente de ese destino imposible, y creyendo en que la utopía era realizable, o al menos fantaseando con ello. Historias que hablaban de encuentros entre ambos, de compartir el lecho y sentirse mutuamente. La oportunidad de vernos, observarnos, explorarnos cada milímetro de nuestros respectivos cuerpos. De acariciar y sentir la piel, sus olores y sabores, los más dulces y los más acres, pero todos excitantes. De poder tocarnos mutuamente y sentir la libido y el deseo que eso despertaría en nuestros cuerpos. De labios que se besan, de vecindades con derechos íntimos, de dos cuerpos que transpiran, se calientan y humedecen y suspiran por el uno por el otro.

Pero el destino, el azar, es caprichoso, y un día saliendo de tu habitual silencio me enviaste un escueto mensaje. "Viajo a tu País". En realidad, creo que nunca te había dicho de donde era ni lo había mencionado, o insinuado, en alguna de mis historias, pero estaba claro que mi prosa, un tanto pesada, me delataba y sólo podía ser de la llamada "madre patria". "¿Cuándo, dónde, cómo?" Te conteste apresuradamente atropellando mis palabras por la sorpresa y el deseo de un posible encuentro. No fue hasta el día siguiente que me respondiste: "La próxima semana. Viaje de trabajo a Madrid. Mi jefe se accidentó y me tocó a mí sustituirle". Se me aceleró el pulso. No sólo viajabas a mi país sino a mi ciudad. "Ya que vienes a mi ciudad, no podemos dejar de vernos, te enseño algunos rincones de la ciudad y te invito a un café". Inmediatamente empecé a repasar la posible agenda de mi siguiente semana para ver cómo podía liberarme al menos un par de tardes, a ser posible un día entero, y hasta estuve meditando posibles enfermedades imaginarias para faltar al trabajo. Seguimos hablando del asunto y afinando alternativas. Al final resulto que tu agenda era más apretada que la de un presidente de gobierno. A duras penas tenías una tarde libre y acordamos vernos en tu hotel. Cómo un hábil delincuente, preparé mis coartadas, visita al médico en el trabajo, y entrega de proyecto sin hora de finalización para el hogar, y una hora antes de cita ya estaba esperando en bar de tu hotel. Sentado estratégicamente para ver pasar a los del hotel camino de recepción e intentar descubrirte al llegar. Supuse que llegarías antes y pasarías por tu habitación para ponerte cómoda después de tu agotadora jornada, y vigilaba con atención la zona de entrada, pero el tumulto de turistas de un viaje organizado que protestaban a su guía por un desastroso día me impidió ver cuando llegaste de vuelta al hotel.

Habíamos mantenido el misterio, y seguíamos sin ponernos cara, pues confiábamos en que nos reconoceríamos mutuamente. Diez minutos antes de la hora convenida te vi entrar en el bar, te detuviste y miraste a tu alrededor buscando donde sería bueno sentarte, se notaba que confiabas haber sido la primera en llegar. Aquella sólo podías ser tú, no podía ser otra. Unos pantalones vaqueros (de mezclilla, me corregiste luego) que se ceñían a tu cintura y caderas resaltando tu figura, tus admiradas curvas, y una camiseta de tirantes que se pegaba a tu cuerpo como una segunda piel que luchaba por contener los pechos que tantas veces había soñado. Entonces descubrí unos preciosos ojos y tu pelo negro todavía humedecido de la ducha. Tu silueta como un reloj de arena que tantas veces había descrito para ti, resultaba todavía más sensual y voluptuosa en persona. Mis nervios, que había ejercitado toda la tarde para mantener la calma, afloraron como un avispero enfurecido, mi corazón se aceleró frenéticamente, y casi podía sentir el fluir de la sangre a borbotones. El sudor empezó a empapar mi cuerpo, y rezumaba por mi frente. Sólo pensar que éramos "viejos" desconocidos me ayudó a darme fuerzas, aunque mil ideas bullían en mi mente temiendo una respuesta negativa.
Me levanté, me sequé la frente y me acerqué hasta ti.
- ¿Galletita? - pregunte con voz temblorosa, utilizando el nombre de tu blog
Me miraste, viste mi traje, mi extravagante "corbata de lazo" y con la certeza de que no podía ser otro respondiste:
- Hola mi galán - dijiste con un dulce tono de voz - Nunca defraudas, vienes muy elegante
- Ya sabes que no podía ser de otra forma, si no como me ibas a reconocer - conteste sintiendo como se enrojecía mi cara, a lo que me respondiste con una risa - ¿Qué tomas? - te pregunté invitando a sentar en la mesa que ocupaba.
Iniciamos una conversación un tanto banal, y mi mente quería adivinar, más bien imaginaba, que estarías pensando de mí. La decepción que te habría causado la apariencia del juntaletras, al que tratarías con cortesía por deferencia. Tu belleza, tu dulzura, eran el picahielos que despedazaba el hielo que me atenaza en estas situaciones. Sonabas cercana, sincera, sentí que realmente me apreciabas y me llenaste de confianza. Al cabo de unos minutos sentía que podía hablarte con la misma confianza con que te escribía. Estuvimos hablando largamente hasta que de pronto interrumpiste. "Sabes, tengo que subir a mi habitación" dijiste. El momento natural tenía que llegar y me apresuré a prepararme para la despedida. "Ha sido un placer poder conocerte en persona, y ver que todavía eres más guapa". Cuando me acerqué para darte un par de besos de despedida en la mejilla, te acercaste más a mí hasta que pude sentir el calor de tu cuerpo, y tus pechos rozando mi pecho. Me agarraste la mano y me dijiste al oído: "¿No me vas a acompañar, después del viaje tan largo que he hecho?" Mi corazón palpitaba como el motor de un bólido, y apenas pude decir: "Esta tarde te acompaño al fin del mundo si hace falta". Me deje llevar de tu mano y nos dirigimos al ascensor. A pesar de la confianza, mis nervios, mi timidez, mi no querer echar a perder aquella tarde de agradable charla, me habían impedido decirte lo que más anhelaba aquella tarde, y que a ti debo se hiciera realidad.

En el ascensor te pusiste detrás de mí, me abrazaste por la cintura y te acercaste a mi oreja para susurrarme muy dulcemente: "No sabes que ganas me entraban y como me ponía de excitada cada vez que me escribías". Intenté girarme, pero apretaste tus brazos con que me rodeabas y no me dejaste. "Sólo quiero que me hagas sentir lo mismo ahora". "Lo mismo no" repliqué con el hilo de voz que apenas conseguía articular por ese cóctel de timidez y excitación que me embriagaba. Aflojaste tus brazos sorprendida, un tanto enojada, y mientras te separabas de mi cara continué: "Tiene que ser mucho más". Volviste a apretarme entre tus brazos con más intensidad, pegaste tu cuerpo al mío, y mientras susurrabas un "mmmmmmm, lo estoy deseando" en mi oído, podía sentir tu cuerpo muy pegado al mío, tus pechos pegados a mi espalda, y mi creciente excitación que ya abultaba el pantalón y no pasó desapercibida a una mujer que entro en el ascensor. Buscaste con tu mano que había atraído la mirada de aquella mujer y cuando topaste con el bulto se te escapo de los labios un pequeño grito de sorpresa: "¡oh!", que hasta hizo girar la cabeza a la señora y nos provocó una ligera risa cómplice.

Al llegar a la quinta planta, dejamos a la mujer en el ascensor ¿Llena de envidia, quizás? y procurando respetar las normas y las formas, llegamos hasta la puerta de tu cuarto. Mientras buscabas la tarjeta para abrir, me pegué a ti y sentiste como el bulto se acomodaba entre tus nalgas. Nada más cerrar la puerta, en el pequeño pasillo de entrada todavía frente a la puerta del baño, nos besamos contra la pared. Juntamos nuestros labios, nuestras bocas, nuestras lenguas, que se exploraban con frenesí liberando la tensión que habíamos acumulado en los últimos minutos. Mis manos se agarraban a tus caderas, tus piernas, buscaban tus nalgas, y una de tus brazos quedó entre nuestros cuerpos comprimiendo tus pechos que desbordaban el escote, para que tu mano pudiera buscar el bulto en mi pantalón. Me llené del delicioso sabor de tu boca, y siento que podría haber estado horas saboreándote, pero tus manos empezaron a luchar con mi saco. "Permíteme", te interrumpí. Pasamos al interior de la habitación, me quité el saco y cuidadosamente lo dejé en el respaldo de la silla, añadí mi pajarita y me quité los zapatos. Dejé que te quitaras la camiseta, pero con un gesto te hice entender que quería ser yo quien te fuera desnudando. Nos acercamos, y entre los dos desabrochamos los botones de mi camisa que dejé sobre la silla mientras enredabas tus dedos entre el vello de mi pecho, antes de comenzar a desabrochar mi cinturón y buscar que se ocultaba bajo el bulto de la tela. Saltándote los turnos, me bajaste de una vez pantalón y el boxer, lo que hizo saltar como un resorte mi excitadísima verga. La acariciaste con tus uñas, dibujaste el camino de las venas, y me sopesaste las bolas antes de darle un casto beso en la punta y decir mientras me mirabas de refilón: "Me encanta tu polla" (palabra que no había imaginado utilizaras hasta ese momento). Te tomé de las manos invitándote a incorporarte, y cuando estabas completamente levantada, llevando mis manos al botón de tu pantalón te susurré: "mi turno galletita". Tuve que luchar un poco, pues no estoy acostumbrado a pantalones tan ajustados, y una vez desabrochado me dejé ayudar por ti para que la cintura del pantalón superara las sinuosas curvas de tus nalgas. Liberado ese delicioso escollo, deslicé mi mano desde tus nalgas, por tus caderas y fui empujando el pantalón hacía los pies, en una caricia infinita, sintiendo cada poro de tu piel en mis dedos y la palma de mis manos, hasta que sólo quedaron tus braguitas rosas. Mi cara quedó frente a tu vientre que había quedado marcado por el pantalón, lo que me hizo recordar una de tus fotos, y besé, toqué y acaricié todos y cada uno de los pliegues que el pantalón había dejado marcado en tu piel. Me resultaba tan excitante. Acerqué mi nariz entre tus piernas, e inspiré el aroma que se desprendía entre tus piernas y que mi mano comprobó ya empapaba tu braguita. Me puse en pie y liberé tus pechos que se dejaron llevar libremente por la gravedad. Los tomé entre mis manos, los agarré, los manoseé, mientras lamía y chupaba tus pezones enardecidos, hasta que escapaste de mis manos cuando te dejaste caer sobre la cama entre risas.

Me quedé mirándote, extasiado por las curvas de tu cuerpo con el que tantas veces había fantaseado al ver tus fotos y que ahora tenía ante mí, para mí. "Te vas a quedar mirando" me dijiste con una sonrisa pícara y a continuación te giraste boca abajo mostrándome tu culo. Me acerqué a la cama, mis manos subieron por tus muslos, disfrutando del tacto de tu piel, apretaron tus nalgas deslizándose bajo las braguitas y subieron hasta tu cintura para deslizarse de nuevo bajo la tela de tus braguitas, empujándolas hacía tus pies para desprenderte de la última prenda que quedaba y quedarnos ambos completamente desnudos. Al notar mi intención, te pusiste de rodillas para facilitar mi tarea, a la vez que me ofrecías tu culo y caderas como a un es más dulce de los caramelos. Acaricié, besé, mordisqueé con suavidad tus nalgas y tus caderas. Lamiendo cada poro de tu piel, disfrutando del camino marcado por las líneas dibujadas en tu piel que me llevaron al valle entre tus piernas hasta para dar con tu tesoro. Tu coñito de labios hinchados y humedecidos del rocío de tus fluidos, néctar de la flor más deliciosa que empapó mis labios y llenó mi boca de tu sabor. Sentías mi boca, mis labios, mi lengua recorrer tu coñito lamiéndote, chupándote, llenándome de tu sabor más íntimo, hasta tocar tu clítoris hinchado que escapaba de su capullo protector. Los labios de tu coñito se entreabrían como las alas de una mariposa dejando que mi lengua se deslizara dentro de ti hasta que tu boca no pudo dejar que escaparan un gemido tras otro, una ola de placer recorrió tu cuerpo que, a la vez que fluían tus juguitos empapando toda mi barba, palpitaba y se agitaba hasta que extasiada te dejaste caer tumbada a lo largo de la cama. Me tumbé sobre tu espalda, empapada en sudor, y sentiste como mi polla se deslizaba entre tus piernas hasta mojarse con los jugos que escurrían entre los labios de tu coñito. Y acercándome a tu oído te susurré: "Nos sabes las ganas que tenía de poder estar contigo y verte gozar".

Mientras recobrabas un ritmo menos agitado nos acomodamos de lado, tus manos bajo la cabeza, el cuerpo ligeramente flexionado y el mío acomodado al tuyo, mi pecho en tu espalda, mis piernas pegadas a tus piernas, y mis brazos rodeando tu cuerpo para que mis manos acariciaran tu cara, tus caderas, tu vientre, tus pechos con los pezones tan excitados que parecían querer reventar. Algo menos agitada, pero con más deseo que antes, entreabriste las piernas y buscaste con tu mano a tientas hasta palpar y sentir mi falo excitado, erecto como un mástil y dijiste: "Lo quiero dentro de mí. Todo".

Te giraste hasta quedar boca arriba y abriste las piernas para que me acomodara entre ellas. Contemplaba como brillaba tu coño con los jugos que lo empapaban mientras me ponía el condón (si uno desea que su fantasía se haga realidad, al menos debe ir preparado), y al acercar mi verga entre los labios de tu coño se deslizó penetrándote hasta que no quedó un milímetro fuera de tu cuerpo. Un suspiro, un gemido, salió de tu boca acompañando el movimiento hasta sentirte completamente ensartada y llena de mi polla. Encogiste tus piernas y luego rodeaste mi cuerpo con ellas para no dejarme escapar, y rítmicamente iniciamos ese movimiento sensual de va y ven, entrar y salir, buscando el placer mutuo. Oíamos nuestros cuerpos chocar, el gorgojear de tus jugos. Yo notaba como me deslizaba con infinita suavidad dentro de ti, atraído por el calor que manaba de tu interior, rozándote toda por dentro, y me concentraba en aquellos instantes en que más gemías, y me sentías con especial excitación dentro de ti.

Tu boca entre abierta no dejaba se suspirar, de gemir, veía tus mejillas enrojecidas de excitación, al igual que los labios y tus pezones que se habían tornado de un tono más intenso, y el sudor transpiraba por todos los poros de tu cuerpo. En cada embestida sentías mis huevos golpearte, tus tetas se agitaban y tus gemidos llenaban la habitación, probablemente toda la planta del hotel. Todavía no soy capaz de saber cuántos orgasmos tuviste aquel día. Yo me regulaba, detenía levemente mi ritmo, o la forma de penetrar, no quería terminar, te quería seguir viendo, sintiéndote gozar, lo que provocaba en mí una mayor excitación. Fruto de esa tensión y excitación tuve uno de los orgasmos más intensos y excitantes de mi vida. Me quedé sin fuerzas, me temblaban las piernas, y tan sólo podía abrazarme a tu cuerpo. Así quedamos los dos: yacientes, entrelazados, exhaustos, empapados en sudor, y vaciados de nuestros íntimos fluidos que nos habíamos entregado mutuamente.

Cuando me contaste tu viaje sorpresa y hablamos de la posibilidad de vernos, sólo habíamos previsto citarnos aquella tarde de jueves para tomar un café y quizás cenar, pero ni en nuestras más atrevidas fantasías hubiéramos imaginado como nos gozamos y disfrutamos aquel día. Cuando me tuve que marchar quedamos de vernos de nuevo el día siguiente. Aunque para esa segunda cita me dijiste que subiera directamente a tu cuarto, y con ironía añadiste: "no se te olvidará el número verdad". Cuando toque a la puerta, me estabas esperando vestida sólo con tus braguitas de leopardo, y una camiseta que transparentaba tus pezones ya excitados. Fue imposible que no nos citáramos también la mañana del sábado, y la pasamos encerrados en tu habitación hasta que llamaron cinco veces de recepción, donde habías dejado aviso para no perder el vuelo de regreso, como casi pasó.
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Lo que (no) fue
Publicado en:16 Abril 2019 7:06 pm
Última actualización en:25 Julio 2019 9:20 am
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--- Lo que (no) fue ---

Cómo en la vida real, es difícil predecir de antemano dónde y cuándo te vas a encontrar con alguien con quien congenies. Casi podría decir que es incluso más difícil e impredecible en estos mundos virtuales orientados a las relaciones esporádicas, entre extraños, dónde una declaración de intenciones en un perfil y unas fotos, las más de las veces alejadas de la realidad por antiguas o simplemente por no ser el retratado quien está detrás del perfil, deben servir de guía para descubrir intereses y afinidades mutuas. A pesar de ello siempre he puesto mi empeño en hacer caso de esa guía y procuro contactar sólo con mujeres con quienes a priori pueda existir un interés común. Lo primero por no molestar y después para no desperdiciar el tiempo propio y ajeno.

No siempre hay mucha información disponible, o una foto, y tan solo el nombre con que nos bautizamos virtualmente y unas breves palabras son las que, quizás por intuición o por la calentura del momento, despiertan nuestro interés en alguien. Y precisamente eso fue lo que pasó con ella. Sin foto, un perfil sin rellenar, tan sólo la describía y ubicaba su nombre, y sus ganas de aventura en un brevísimo estado. Pero había algo que me atraía. La escribí sin fortuna, un par de veces, y al siguiente intento me contesto e iniciamos una charla. Le conté que me había atraído el misterio de su perfil, y nos comentamos brevemente nuestras razones o intereses para estar por aquí. Compartíamos la condición de emparejados, aunque me dijo preferir a los solteros por la libertad, de pronto sentí que faltaba nada para que me cerrara la conversación, pero a mi pregunta me confesó que era sólo una preferencia. Le pregunté por otras preferencias que tuviera, y me dijo que buscaba alguien atrevido. ¿Atrevido? Por un momento me vi como Hércules, no con su porte, sino superando pruebas imposibles y con el la meta siempre lejana. Los deportes de riesgo nunca han sido lo mío, que soy más de entornos confortables, y bromeé sobre ello intentado esquivar la prueba. "No hay que ponerse límites", me dijo.
- A mi me seduce más una habitación con una cama confortable que ser devorado por las hormigas en una pradera. - le dije - Eso sí, si te tuviera delante, disfrutaría y te haría disfrutar de cada cm de tu cuerpo
- Tu crees - me contesto desafiante
- Eso creo - le dije, ahora sí ungido por el espíritu del Hércules victorioso - ¿Quieres probarlo?

De pronto, su actitud inicialmente defensiva se torno en tentación. Comenzó a preguntar por la posibilidad real de encontrarnos. Intercambiarnos ubicación, horarios tentativos, e incluso la posibilidad de quedar en su casa.

- ¿Qué te apetece que pase cuando entré en tu casa? - le pregunte
- qué harías tu - me contestó haciéndose la gallega
- Lo primero te miraría, de arriba a abajo. Te daría dos besos. Aprovecharía y tocaría tu piel, te sentiría. Si se rozan nuestros labios, te besaría. Dejaría que mis manos conocieran tu cuerpo. Tu cintura, tus caderas, tus nalgas, como exploradores dibujando un mapa. Sintiendo tus pechos rozando contra mi pecho. - mi mente volaba pensando en el momento.
- ¿Cómo irías vestida? Formal, un vestido, un pantalón. ¿Ropa cómoda de casa?
- Te serviría una copa al llegar.... - me dijo cediendo el turno de nuevo
- Me pego a tu espalda mientras sirves la bebida, me pego a tu culo, y mis manos acarician tu cuerpo, sienten tus pechos que comienzan a erizarse. Paso una mano pasa bajo el escote y acaricio la piel de tus pechos. Busco tus pezoncitos que se endurecen al rozarlos, y mi otra mano te abraza por el vientre. ¿No sigues sirviendo la copa?... - le cedí el turno siguiendo su juego de puntos suspensivo
No dijo nada, pero me contesto con una foto en lencería, que me excitó sobremanera en ese momento y me dejo mudo.
- Ya imagino la sensación al meter la mano bajo el vestido y sentir las medias y el liguero
- Te pareceré una loca - me dijo - soy una mujer casada
- Me pareces una mujer maravillosa, que se gusta, que se quiere, y que quiere disfrutar. Hermosa y sensual. Si es eso es ser libertina y loca, me lo parece y me gusta.
- ¿Puedes ahora mismo? - Me contesto de improviso

Nada me pudo doler más en ese momento, pues mi deseo era salir corriendo a verla pero esa tarde mi condición me tenía retenido sin escapatoria.
- ¿Mañana? Ahora me es imposible, por mucho que lo desee. Y ya lo habrás notado por mis palabras. Contesté.
- Hablamos mañana a las 12 en punto me dijo
Antes de que dieran las 12, hice una pausa en el trabajo y busqué un refugio donde poder hablar. La espera se hizo eterna hasta que vi su nombre encenderse en el chat.
- Ya creí que no vendrías - le dije
- Después de todo lo que me dijiste ayer, no podía faltar - dijo devolviéndome un guiño - ¿Quedamos a las cuatro?
- Me han puesto una reunión sorpresa, pero podría llegar un poco más tarde
- Avísame cuando termines y te doy mi dirección - Me dijo, y acto seguido me dejó una dirección de correo
La consteté rápidamente por el correo, y nos intercambiamos varios mensajes como si de un chat se tratara, antes de volver a la labor profesional, que se hizo larga y eterna, aunque llevadera por lo que nos esperaba al finalizar el día. Por esa mala costumbre que tenemos, la reunión se alargó más de lo previsto, y ya estaba yo desesperado imaginándola a la espera de mi mensaje que no llegaba nunca. Recogí rápidamente mis bártulos y camino del coche le escribí confirmando que había terminado y ponía rumbo a la zona donde vivía. A la zona, porque el detalle exacto quedaba pendiente de su respuesta.
Conduje tan rápido como el tráfico me lo permitía y llegué a su barrio sin que hubiera llegado ninguna contestación. Busqué un lugar donde aparcar, y le envié un nuevo correo confirmando mi llegada, aunque más tarde de lo previsto. Tampoco llegaba respuesta y me recliné en el asiento con los ojos cerrados, a la espera de su respuesta. El teléfono se agitó y me confirmó los detalles finales. Me acerqué caminando hasta el portal indicado, me abrió la puerta del portal sin contestar y subí hasta la quinta planta notando un cosquilleo nervioso en mi estomago. Abrió la puerta de su casa, algo en penumbra, por fin nos veíamos. Me tomo de la mano, me invitó a pasar y me hasta el salón por un largo pasillo, y mientras yo contemplaba su silueta y su cuerpo cimbrearse bajo un vestido sedoso.
- ¿Quieres tomar algo? - Me pregunto volviéndose hacia mí
- Un beso - Contesté, mientras tiraba de mi mano hacia mí sin soltar la suya, y ella se acercaba a mi.
La bese en una mejilla, busqué la otra, pero en el camino nuestros labios se rozaron y luego se buscaron como imanes. Nuestros cuerpos se acercaron más, y sentí sus pechos turgentes rozando mi pecho, y llenándome de calor y calentura. Nuestras bocas se buscaban, se gustaban, nuestras lenguas se retorcían y entrelazaban. Hacía mucho que no sentía un beso como aquel, y todo mi cuerpo se estremecía. Mis manos se abrazaron a su cuerpo, buscando sus rincones sobre el sedoso vestido, y bajo él. Mi mano izquierda acariciaba su pierna, sentía sus medías, y siguió subiendo bajo el vestido, sintiendo a hora la piel de sus muslos, sus nalgas apenas cubiertas, hasta descubrir el liguero que me había compartido en la foto.
Aprovechó mi sorpresa, para separarse un momento y rápidamente quitarse el vestido.
- ¿Me acompañas? - dijo, sugiriendo que siguiera sus pasos
Mientras yo me quitaba el traje, ella se volvió al mueble donde tenía las bebidas para servirnos a los dos. Yo no podía apartar la mirada de su cuerpo, y ella de vez en cuando me miraba de reojo. Me acerqué hacia ella, y puse mis manos en culo, apretando, amasando las nalgas con emoción y pasión, antes de apoyar mi cuerpo contra su espalda y que sintiera mi erección pegada a su culo. Dio un pequeño respiro respingo y un leve gemido, continuando con las botellas, mientras mi nariz se impregnaba del perfume que fluía desde detrás de sus orejas y mis labios probaban el dulzor de la piel de su cuello. Mis manos siguieron caminos dispares, una se abrazaba a su vientre y sus caderas. Buscaban el interior de sus muslos allí donde terminaban las medias, y sentían el calor de un pubis palpitante que humedecía sus braguitas. La otra se sumergía bajo el sujetador, sintiendo el peso de los pechos, amasándolos con deseo, y acariciando los pezoncitos endurecidos y excitados.
No nos tomamos ninguna copa, pero nuestras bocas y nuestros cuerpos quedaron saciados el uno del otro aquella noche. Ella me ofreció su néctar, y mi boca se entregó para saciarse y para saciarla de placer. Mis manos conocieron cada línea de su cuerpo, las dibujaron y exploraron, las acariciaron, las exprimieron, las apretaron, sintiendo a su paso la piel erizada de excitación, y su cuerpo se lleno de mí.
Cabalgamos como jinetes en un viaje sin fin, el uno sobre el otro, hasta encontrar el fin de un orgasmo que sucedía a otro, sólo para comenzar una nueva exploración para colonizar nuestros cuerpos.

Me desperté de pronto. Ya era noche cerrada.
Ningún mensaje en el móvil. Me estiré y acomodé como pude en el coche. Envié otro correo y tras unos minutos esperando sin respuesta pusé rumbo a casa. Conduje pausadamente, preguntándome que habría pasado y llenando mi mente con lo que no fue. Y sigo mirando el buzón.
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